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La incompetencia es la verdadera crisis, el recibir mucho de poco y a corto plazo. La crisis es la mejor cosa que nos puede suceder ya que trae de la mano el progreso. Sin crisis no hay desafíos, y sin desafíos la vida es rutina, una pausada agonía. Es en la crisis donde aflora la inventiva, los descubrimientos y las importantes estrategias, si la superaras te superarás a ti mismo sin quedar retrasado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y desgracias, atenta su propio activo, el talento, y respeta más los problemas que las alternativas y soluciones que pueda tener. Hablar de la crisis es promoverla, y omitirla es exaltar el conformismo, trabajemos duro, acabemos con el verdadero problema que es la pereza para encontrar las salidas y soluciones, debemos querer luchar por superarla.
Se está convirtiendo en un manido mensaje: “la crisis es una oportunidad para potenciar la economía de la innovación y el conocimiento”. Al mismo tiempo, estamos siendo testigos de que la crisis tiene un impacto transversal y por lo tanto también afecta, aunque en menor medida, a los sectores tecnológicos y emergentes. En realidad, la crisis enfatiza la necesidad de innovar en todos los ámbitos y sectores, y recomienda nuevas prácticas para hacerlo.
Las empresas lo primero que se deben plantear es para que quieren innovar, ya que mi opinión es que la única innovación sostenible es la que repercute directamente sobre la sociedad en la que vivimos, atendiendo a las necesidades y demandas emergentes, correlacionada con la sociedad del bienestar y el medio ambiente. Lo contradictorio es que la actitud innovadora de las personas es una inversión que sí está al alcance de los empresarios. Hoy día lo puedes comprar, copiar e imitar todo salvo la actitud de las personas, su motivación, su energía, su entusiasmo y su compromiso; tan necesarios en la tracción de los avances innovadores que permiten que las compañías crezcan, progresen y permanezcan en el tiempo.
Todos tenemos mayor o menor aptitud para ser innovadores en función de saber que hay más cuestiones sin respuesta que con respuesta. Y que el lugar idóneo para encontrarlas es dentro de uno. De ahí la importancia de cogerle el gusto a cuestionar, a reflexionar, a pensar por uno mismo. Las personas innovadoras ponen su curiosidad y su excelencia al servicio de mejoras tangibles para la sociedad, pues son conscientes de que lo importante no es si hay vida después de la muerte, sino que la haya antes, mientras estamos vivos.
La innovación la debemos automatizar en los procesos de decisión, si en el modelo productivo actual se ha conseguido progresivamente la automatización de los procesos productivos, obviamente es esencial fomentar el trabajo en equipo, y eso sólo se consigue con el aprendizaje social y emocional, promocionando igualmente el trabajo y el pensamiento multidisciplinar, sin caer en el error de querer saber de todo y no saber nada.
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